Gabriel Ventosa Ruera
Dolores Arrufat Figueres
Ventosa-Arrufat:
una historia de exilio, trabajo y legado cultural
Gabriel Ventosa Ruera y Dolores Arrufat Figueres, ambos de origen catalán, nacieron en Les Borges Blanques, provincia de Lérida, Cataluña, España. Gabriel nació el 18 de enero de 1918 y Dolores el 5 de junio de 1921.
Durante su adolescencia se trasladaron con familiares a Barcelona, ciudad en la que vivieron la guerra civil española, la posguerra y la Segunda Guerra Mundial. Tras años marcados por la inestabilidad política y social, pasaron gran parte de su juventud en Cataluña antes de decidir emigrar a México, país del que posteriormente adquirirían la nacionalidad.
Al término de la guerra civil, Gabriel Ventosa fue recluido en un campo de concentración debido a sus ideas republicanas, mientras que don Ramón Arrufat, padre de Dolores, fue detenido en diversas ocasiones por la misma postura política. Ante la imposibilidad de continuar su vida bajo el régimen dictatorial del general Francisco Franco, y recién casados, decidieron emigrar a México en 1949.
Su llegada estuvo llena de dificultades. Tras varios días de travesía en barco, Gabriel logró desembarcar en el puerto de Veracruz; Dolores, por no contar con la documentación migratoria requerida, tuvo que continuar su viaje hasta Nueva Orleans y posteriormente a Cuba, donde obtuvo un pasaporte que le permitió viajar en avión a la Ciudad de México. Al reunirse, descubrieron que los recursos económicos enviados a México para iniciar un negocio habían sido utilizados por un tío para saldar deudas personales, quedando sin capital ni empleo en un país desconocido.
A pesar de ello, comenzaron una etapa de intenso trabajo en diversas actividades: comercio, manufactura de ropa, venta de bicicletas e incluso una fábrica de tobilleras. Durante este periodo, en la inauguración de la fábrica, un trágico accidente ferroviario cobró la vida del padre de Gabriel y dejó heridas a su madre y a Dolores. Posteriormente, una huelga obligó al cierre de ésta.
A principios de la década de 1960, incursionaron en el sector gastronómico al adquirir un inmueble en Avenida Insurgentes Sur número 2343, en la Ciudad de México, cerca de Ciudad Universitaria, UNAM. Ahí fundaron el restaurante-cafetería “Pabellón Yon Yon”, donde Dolores dirigía la cocina y Gabriel la administración. El establecimiento contaba también con una tienda anexa de comida para llevar y helados.
En aquel entonces, la Avenida Insurgentes era principalmente una zona habitacional. El restaurante del matrimonio Ventosa-Arrufat se convirtió rápidamente en un punto de referencia y convivencia familiar. Los fines de semana, familias enteras acudían a disfrutar de su oferta gastronómica, especialmente de los helados decorados con figuras de payasitos, barcos y brujas que encantaban a los niños.
La mesa de Gabriel se transformó en un espacio de encuentro y conversación. Dotado de una memoria excepcional, un manejo destacado de estadísticas de toda clase y gran capacidad para el diálogo; el restaurante se convirtió en un punto de reunión para personas de diversas nacionalidades, en especial para la comunidad catalana vinculada al Orfeó Catalá, así como para vecinos y estudiantes universitarios. En ese ambiente surgieron tertulias donde se discutía política, literatura y temas culturales de actualidad.
Paralelamente, Gabriel Ventosa desarrolló una intensa actividad inmobiliaria tanto en México como en España, algunos en litigio o pertenecientes a sucesiones. Tras el fin del franquismo, adquirió y fraccionó diversos inmuebles en la ciudad de Alicante, actividad que ejerció con notable éxito hasta su fallecimiento.
Dolores Arrufat fue un pilar fundamental en su vida y en sus proyectos. Además de su gran labor en el restaurante, emprendió negocios propios de venta de cosméticos y granizados, demostrando una incansable vocación de trabajo.
El matrimonio compartía un profundo amor por el arte y la cultura mexicana. Coleccionaban obras de artistas locales y artesanías que llevaban consigo en sus viajes a España, contribuyendo a la difusión del patrimonio cultural de México.
El restaurante cerró en 1970 cuando la zona comenzó su transformación comercial. No obstante, el espíritu de convivencia continuó en su hogar, donde Dolores mantenía abiertas las puertas a familiares, amigos y visitantes.
Conocí al matrimonio Ventosa-Arrufat en su restaurante durante mis últimos años de la Licenciatura en Derecho, inicialmente como cliente, posteriormente como su abogado representándolos en su cúmulo de negocios y juicios; mantuvimos una convivencia cotidiana, convirtiéndome en amigo cercano.
Aunque viajaban anualmente a España, nunca desearon regresar para residir de forma permanente. Gabriel falleció a los 80 años y Dolores a los 95.
Antes de fallecer, Dolores Arrufat dejó expresado en su testamento el deseo compartido con su esposo de destinar parte de su patrimonio al fomento de la cultura catalana, la cultura en general y a la creación de un concurso anual de cuentos y novelas, encomendándome su ejecución.
En el año 2016 se constituyó la sociedad destinada a preservar y materializar el legado cultural del matrimonio Ventosa-Arrufat.
Lic. Jorge Ortega Arroyo