Cuando tenía trece años me mudé a Japón. Llegué a un país extraño para mí, donde nadie hablaba mi idioma y donde tuve que aprender a desenvolverme en una realidad completamente distinta. Al ingresar a la escuela secundaria japonesa tuve que elegir una actividad extracurricular. Había deportes, repostería, jardinería y también escritura. Elegí esta última porque pensé que quizá allí podría aprender a contar historias.
Uno de mis profesores me dijo entonces algo que no he olvidado. Me explicó que en Japón muchas veces las personas no expresan abiertamente lo que sienten y que la escritura podía ser una manera de hacerlo. Sabía que yo estaba ansioso y confundido. Me dijo: «Saca todo eso y ponlo en blanco y negro». Después añadió que, cuando uno consigue escribir aquello que no comprende, aquello que lo inquieta pierde parte de su poder.
Desde entonces empecé a escribir para entender. Primero fueron poemas, porque aprendí del haiku que un momento pequeño podía contener mucho si uno encontraba la manera de decirlo con economía. Después vinieron los cuentos, las fábulas y pequeñas historias. Con el tiempo descubrí que, al escribirlas, también modificaba los hechos: inventaba lo que hubiera querido que ocurriera o aquello que pensaba que debería haber ocurrido. La ficción apareció casi sin que me diera cuenta.
Muchos años después, una frase volvió a ponerme frente a esa misma necesidad de contar. Mientras terminaba una investigación sobre trata de personas para el Ministerio de Justicia del Perú, una trabajadora agrícola llegó buscando orientación jurídica. Durante nuestra conversación comenzó a contarme cómo era el trabajo en los campos agrícolas de Ica. Antes de despedirse dijo algo que se quedó conmigo: «Aquí pasan muchas cosas que nadie cuenta».
Quise entender mejor lo que me había dicho. Comencé a visitar los lugares donde, antes del amanecer, cientos de personas esperan los buses que las llevan a distintos fundos. Escuché sus historias e intenté acercarme a una realidad que hasta entonces conocía a través de cifras, procesos y documentos.
Cuando terminé la investigación comprendí que había explicado muchas cosas, pero que todavía faltaba algo. Un informe podía mostrar resultados y describir situaciones, pero no alcanzaba a transmitir el miedo de quien deja a sus hijos para ir a trabajar, el cansancio después de una jornada interminable, los pequeños gestos de solidaridad entre quienes comparten un cuarto o el silencio con que muchas personas continúan adelante porque alguien las espera al final de ese esfuerzo.
Entonces entendí que esa historia pedía otra forma de ser contada.
Así nació Donde el agua trabaja.
Durante la investigación me llamó especialmente la atención la manera en que algunas de las mujeres hablaban de sus experiencias. A veces comenzaban una frase y se detenían. Buscaban otra palabra, corregían, aclaraban lo que acababan de decir o recurrían a una comparación para intentar explicar algo que parecía difícil de nombrar directamente. Había pausas que decían tanto como las palabras. Sentí que no podía quitarle esa forma de hablar a mi protagonista. La voz de la novela debía conservar algo de lo que yo había escuchado.
Al principio pensé que estaba escribiendo sobre la dureza del trabajo agrícola. Al terminar la novela comprendí que la pregunta era otra: ¿qué lleva a una persona a soportar el cansancio, el dolor o incluso la humillación día tras día? La respuesta estaba en algo más sencillo y más profundo: las personas resisten porque aman a alguien, porque tienen una familia que sostener, porque esperan que sus hijos tengan una vida distinta. Durante años había escuchado hablar del crecimiento de la agroexportación peruana y de sus cifras. Yo quería escribir sobre las personas que hacen posible ese crecimiento y que, sin embargo, rara vez ocupan el centro de esa historia.
No escribí Donde el agua trabaja para ganar un concurso. De hecho, cuando la terminé no tenía este premio en mente. Busqué una convocatoria que se ajustara al manuscrito y encontré la del I Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat. Me animé a enviarla sin imaginar que pudiera siquiera llegar a ser finalista. El jurado, integrado por Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda, me parecía tan extraordinario que ganar era algo que ni
siquiera me permitía imaginar.
La envié, además, casi al límite. La noche anterior todavía estaba revisando comas, acentos y palabras repetidas. El día del cierre descubrí que el interlineado era incorrecto y que todo el documento se había descuadrado. Por un momento pensé que ya no alcanzaría a enviarla.
Finalmente lo hice.
Cuando recibí la llamada comunicándome que había ganado, pensé que podía tratarse de un error. Incluso durante varios días seguí preguntándome si realmente había ocurrido. La alegría llegó acompañada de una incertidumbre que todavía conservo: la de preguntarme si aquello que escribí estará a la altura de las expectativas.
Quizá por eso encuentro una afinidad especial con el trabajo de la Fundación Ventosa-Arrufat. Su labor para acercar los libros y la lectura a comunidades y espacios donde muchas veces las oportunidades no llegan fácilmente parte también de una forma de mirar y de escuchar. Mi novela nació de una inquietud semejante: decir que estas personas existen, que estas historias ocurren y que, aunque muchas veces permanezcan en silencio, merecen ser escuchadas.
A fin de cuentas, quizá eso es lo que aprendí a los trece años en aquella escuela japonesa: que escribir no siempre consiste en tener respuestas. A veces consiste simplemente en encontrar una manera de poner en palabras aquello que todavía no sabemos cómo decir.
Gira de promoción de la obra ganadora del 1º Premio Internacional de Novela Breve “Almadía Ventosa-Arrufat 2026”.
Obra Ganadora: “Donde el Agua Trabaja”
Autor: David Silva Rojas.
Colombia & Argentina (Septiembre)
17 – 18 Sep: Medellín
Fiesta del Libro y la Cultura (Presentación
oficial el 18 de septiembre).
22 Sep: Bogotá
Presentación en el Fondo de Cultura
Económica (FCE).
23 Sep: Buenos Aires Presentación en la librería Eterna
Cadencia.
España (Octubre)
23 Oct: Madrid
Evento en Telefónica.
26 Oct: Barcelona Presentación en Librería Finestres.
Próximamente confirmaremos fechas exactas para Jerez


