Para Marco y Camila, siempre
Para Mercé Rodoreda
Lo recuerdo perfectamente. Fue por la tarde, a fines de septiembre de 2024, casi al anochecer, cuando entregué el manuscrito acabado de El día que no paró de llover
a la editorial Tusquets y me quedé con las manos y la mente vacías –ese vacío existencial que siempre acecha, sobre todo tras terminar un proyecto tan intenso como es una novela–, el teléfono sonó.
Antes de continuar con mi relato, voy a retroceder un poco. En 2018 regresé a Canadá con mis hijos y decidí arriesgarlo todo para dedicarme a la escritura, que hasta entonces solo había podido cultivar a cuenta gotas, por razones que todos los escritores conocemos bien: trabajo, familia, las tareas de la casa… Así es como 2018 marcó un antes y un después en mi vida. Cerré los ojos a mi pasado “productivo” y me entregué por completo a las letras, especialmente a la novela y la novela corta. En 2019, llegó el primer reconocimiento: mi novela Seda Araña
ganó el premio Escritoras Mexicanas y fue finalista del Nadal de España y el Rómulo Gallegos de Venezuela. No me lo esperaba, desde mi solitario escritorio en Montreal, donde escribo en español y conozco a poca gente que me pueda leer, me resultaba increíble que alguien me hubiera leído en España, Venezuela, o incluso en México. En 2023, Las Torres de Arena ganó el March Cencillo en Valencia y fue publicada por la prestigiosa editorial Pre-Textos en España. Al parecer, mi voto de confianza en mi propio oficio había sido el correcto, aunque muy poca gente me leía todavía.
Pero volvamos a esa noche de septiembre cuando el viento soplaba intenso. Dejé que la depresión me invadiera. Sé que para mí no hay otra forma de escapar a esta sensación de muerte que no sea escribiendo. La novela que acababa de entregar a la editorial me dejaba vacía. Me senté en la sala, sin encender la luz, mirando por la ventana. El viento enloquecía a los árboles y las voces de mis hijos llegaban desde otra habitación. Me hundí en el sillón y en ese vacío existencial, cuando mi teléfono sonó. El celular, que rara vez suena, mostraba un número desconocido de México. Dudé en contestar, pero contesté. ¿Qué más iba a hacer? Todavía no tenía otro proyecto de novela en qué volcarme. Fue la Fundación Poniatowska, y la voz que pronto reconocería como la de Tatiana, la que llamaba. La depresión se transformó en euforia. La euforia de saber que una novela sobre un tema tan esencial como las migraciones de japoneses a México, escrita durante la pandemia, no solo había sido elegida por el jurado de Ventosa-Arrufat y Fundación Poniatowska, sino que alguien la había leído.
Alguien me había leído.
Corrí a buscar a mis hijos y compartir la noticia. Corrí a abrazar a mis gatos. Por supuesto, la depresión se quedó esperando en la sala, con la luz apagada.
Lo primero que hice después de celebrar fue buscar el nombre de “Ventosa-Arrufat” en internet. Conocía el nombre de Poniatowska, claro, todos conocemos y queremos a Elena. Pero el Ventosa-Arrufat me era desconocido. Leí: “Ventosa-Arrufat, fundada en 2016, gestiona el legado del matrimonio catalán Gabriel Ventosa y Dolores Arrufat, exiliados en México, promoviendo la cultura, el arte y la literatura. La sociedad organiza concursos literarios internacionales y apoya proyectos educativos, continuando con el legado cultural catalán al fomentar la lectura y el arte.”
No puedo expresar la alegría que me dio saber que había un legado catalán detrás del premio que recibió Azul Humo
Me leyeron.
Enseguida volví a la sala y encendí la luz. Mi depresión voló afuera con el viento en las ramas. Poco sabía que el premio me iba a ayudar a abrir puertas en Ecuador, España, Portugal, Canadá, Estados Unidos y, por supuesto, México. Menos aún que la novela llegaría a mil lectores, y que hoy se está hablando de su primera re-edición y traducción al inglés.
Empecé a pensar en la siguiente novela. Lo recuerdo perfectamente: fue esa tarde, a fines de septiembre, casi al anochecer, cuando mi depresión se desvaneció de repente. Fue Azul Humo, y fue el premio Ventosa-Arrufat Fundación Poniatowska.
Antolina Ortiz Moore
@antolinaortizmoore
https://antolinaortizmoore.com

